• 2024-05-23
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Apatía general

Constituyente

Profesor Titular de la Univeridad Externado de Colombia

 

“Los jóvenes externadistas no pueden ser testigos silentes de la propuesta presidencial, que lenta e imperceptiblemente han venido respaldando los miembros del gabinete y sus aliados políticos.”

Probablemente porque el movimiento de la Séptima Papeleta me cogió en segundo año de derecho y estrenando cédula, me sorprende que una propuesta de reforma a la Constitución del 1991, así sea improvisada, inoportuna e inconveniente, como la que lanzó el presidente Petro, no haya generado nada en los corredores y plazoletas del Externado. En su momento, aunque el liderazgo visible del movimiento estuvo en cabeza de estudiantes del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, los externadistas estuvimos activos y presentes. Confío en que la culpa de esta apatía la tengan los parciales de marzo y la proximidad del anuncio con las vacaciones de Semana Santa.

Y es que a medida que pasan los días seguimos sin saber si la propuesta es un globo distractor, una claudicación o un verdadero propósito. Más allá de la promesa de político en campaña de no tocar la carta de 1991, en relación con la cual el candidato Petro señalaba que “la hicimos y la cumplimos”, sentencia que ya recogió sin ningún pudor, como lo hacen todos los políticos, hay sobre la mesa una propuesta de reformar la todavía joven carta de navegación que surgió de un momento histórico para nuestra nación. Por esa razón los jóvenes externadistas y en especial los pichones de abogado, no pueden ser testigos silentes de la propuesta presidencial, que lenta e imperceptiblemente han venido respaldando los miembros del gabinete y sus aliados políticos. 

Y, como espero que el debate y la deliberación se active en mi Externado, dejo sobre la mesa un par de reflexiones acerca del proceso constituyente que se anuncia, para que los estudiantes, si se despiertan, tengan un punto de partida para decidir si apoyan o rechazar la idea reformista.  

La primera tiene que ver con su génesis. Petro jamás se quejó de nuestra estructura constitucional y, como ya lo señalé, para evitar comparaciones con los vecinos venezolanos fue categórico en señalar que no llegaría a reformar la carta. ¿De dónde surge entonces la idea? De la frustración. El presidente no ha logrado la aprobación de sus reformas y ha perdido las mayorías en el legislativo. Dicho de otra manera, el sistema de pesos y contrapesos de la Constitución de 1991 está funcionando, y al presidente no le gusta. Por esa razón, con tufo de amenaza, anuncia que debe ser “el pueblo” el que resuelva la viabilidad de las reformas que se le enredaron, en particular la de la salud, cuya aprobación ha convertido en cuestión de honor. La pregunta que surge es: ¿se debe reformar la constitución cuando el poder legislativo, elegido también por “el pueblo”, (y si se quiere con más votos de los que se depositan para elegir presidente) no aprueba una reforma que es además considerada inconveniente por la mayoría de la opinión?

La segunda reflexión tiene que ver con el procedimiento. El artículo 374 constitucional señala los mecanismos institucionales para reformar la constitución. Y todos ellos requieren del tránsito por el poder legislativo, donde el gobierno no tiene las mayorías. Luego no pareciera que ese sea el camino escogido. Surge entonces el segundo interrogante, ¿acaso el gobierno está buscando en la plaza pública – donde según los sondeos de opinión tampoco tiene respaldo mayoritario- el espaldarazo para inventarse un nuevo procedimiento de convocatoria a una asamblea nacional constituyente?

De manera que más allá de temas taquilleros como los que ahora se ventilan, el por qué y el cómo de esa reforma constituyente deben prestarse para un amplio debate en los salones libres del Externado.     

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