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Se ha filtrado que fue un engaño y que no ahondó en los aspectos centrales del manejo de los recursos. ¿A qué le teme el Rector que no permite que se conozcan esos resultados? Los externadistas tenemos el derecho de conocer qué pasa.
Se ha filtrado que fue un engaño y que no ahondó en los aspectos centrales del manejo de los recursos. ¿A qué le teme el Rector que no permite que se conozcan esos resultados? Los externadistas tenemos el derecho de conocer qué pasa.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Las cosas que pasan en el Externado son sencillamente de antología, o de no me lo vas a creer. La sombra larga y profunda de la corrupción asoma en los pasillos de la Universidad y cuando ello ocurre muy pocos exigen transparencia inmediata, porque los demás callan para que no les toquen sus privilegios.
Las directivas de la Universidad inicialmente se resistieron a realizar una auditoria franca y transparente para sepultar los comentarios crecientes de que algo andaba mal. En su momento la excusa baladí para negarse a ser auditados fue la de que aquí nada había que vigilar porque todo estaba en orden. Después de muchas contradicciones, finalmente de mala gana decidieron contratar una auditoria con la prestigiosa firma Price WaterhouseCoopers (PwC), la cual ha sido entregada recientemente al Rector y a la secretaría general como si se tratara de un secreto de estado.
En efecto, las directivas una vez recibida la supuesta auditoria han decretado sobre ella un manto de silencio impresionante. Se sabe que los miembros del Consejo Directivo recibieron la tal auditoria con el compromiso de no hacerla conocer de la comunidad externadista. No se trata de un rumor sino de una verdad comprobada directamente por este columnista, pues a varios miembros de ese Consejo pedí la auditoria y reclamé su divulgación pero todos a una, como en Fuenteovejuna, se negaron a hacerlo, con el precario e inmoral argumento de que es materia reservada.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Si la auditoria se realizó gracias a las exigencias de la comunidad universitaria que todavía clama por ese detalle mínimo de transparencia y rectitud, pregunto ¿Qué sentido tiene que ahora que se ha rendido por fin la tal auditoria, la Universidad opté por la ley de la omertá, para que nada se sepa, de modo que tampoco nadie pueda alzar su voz para pedir explicaciones o demandar investigaciones?
Seamos serios. Si hubo una auditoria a los papeles de la Universidad y si todo está en orden, entonces ¿Cuál es la razón para que la conozcan unos pocos con el compromiso de que la guarden, para que los asustadizos o cómplices miembros del decadente Consejo Directivo se inflen sosteniendo que lo que tienen ahora entre manos es ultrasecreto?
La Rectoría y la Secretaría General no debieron imponer semejante restricción de reserva a datos y conclusiones que son de interés de toda la Universidad. Han incurrido en un yerro imperdonable, que lesiona la imagen de la institución y deja en el piso sus prestigios. Pero lo que es peor es que el Consejo Directivo, integrado por docentes y estudiantes quienes se deben a la Universidad más que al sexto piso, sumisamente hayan sucumbido a tan arbitraria orden de mantener reservada una información a la que tenemos derecho todos los externadistas.
Pero como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, mientras las directivas hacen toda clase de maromas para impedir que alguien dé a conocer el trabajo que tan celosa y sospechosamente guardan en secreto, se filtran varios brotes de inconformidad con esa auditoría, porque no llenó las expectativas de un trabajo serio de esa naturaleza. Lo que fragmentariamente se ha filtrado es que la tal auditoria fue un engaño, que no ahondó en los aspectos centrales del manejo de los recursos, como, por ejemplo, sobre los pagos a trabajadores que prestan sus servicios a personas ajenas a la Universidad, tema respecto del cual ha quedado una duda gigantesca.
En efecto, a pesar del hermetismo, se supo que la tal auditoria no pudo desconocer la existencia de ciertos pagos a un conductor que no presta sus servicios a la Universidad sino a alguien cercano a las directivas, y ante escandaloso hallazgo el Consejo Directivo no se estremece porque le parece un asunto de menor cuantía. ¿Quién es ese conductor y a quién le presta sus servicios, y por qué la Universidad tiene que remunerarlo? Y lo que es todavía más preocupante ¿Será el único caso, o se trata de una práctica inveterada?
En suma, hubo una auditoria a medias que nadie puede conocer ni discutir, pues la que se presentó dejó muchas dudas y sinsabores, por lo cual sigue teniendo vigencia el grave interrogante de ¿A qué le temen ? Mientras tanto los externadistas seguimos reclamando nuestro derecho sagrado a saber qué pasa.
¿No es corrupción que el Rector Henao valiéndose de su inmenso poder tratará de influir en la designación de un togado de alta corte, como Carlos Bernal Pulido? Eso solo tiene un nombre: se llama corrupción o clientelismo judicial, que es lo mismo.
¿No es corrupción que el Rector Henao valiéndose de su inmenso poder tratará de influir en la designación de un togado de alta corte, como Carlos Bernal Pulido? Eso solo tiene un nombre: se llama corrupción o clientelismo judicial, que es lo mismo.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Hace unos días, en la muy leída sección de comentarios de la vida política Alto Turmequé de El Espectador, salió un comentario que no fue indiferente al Externado, a su Rector y al otrora profesor estrella el magistrado de la Corte Constitucional Carlos Bernal Pulido. En efecto, el comentario bajo el título “Fuego amigo”, fue el siguiente:
“En el evento del lanzamiento del libro Disparos a la paz (Ediciones B), los autores, Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera, dijeron que el gobierno Santos tuvo tres errores garrafales durante el proceso con las Farc: convocar el plebiscito, ternar a Néstor Humberto Martínez para fiscal general y ternar para la Corte Constitucional a Carlos Bernal Pulido, quien resultó en una orilla ideológica muy distinta a la de su mentor y quien lo recomendó ante la Corte: Juan Carlos Henao, rector del Externado”.
Supuse que una noticia como está claramente adversa a la transparencia de una Universidad seria y alejada de la politiquería, iba a ser rectificada por alguno de los afectados. Vaya sorpresa, ya han pasado dos semanas y, que se sepa, nadie se ha atrevido a desmentirla. En principio llegué a pensar que se trataba de otro de esos chismes clásicos que deambulan por los pasillos del Externado, como aquel mal intencionado de que detrás de los reclamos legítimos de quienes venimos cuestionando a la actual administración, había un plan para tumbar a Juan Carlos Henao y nombrar a Eduardo Montealegre, versión falaz con la que desde el inicio de estas dificultades que ya completan un año, han pretendido descalificarnos y se han amparado para no rendir cuentas, no permitir la realización de una auditoría independiente ni la convocatoria a elecciones para sustituir al desprestigiado Consejo Directivo.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Pero volvamos al tema de esta columna. ¿Fue el Rector Henao quien recomendó a Carlos Bernal Pulido para que fuese candidatizado a la Corte Constitucional? Todo parece indicar que así fue. Y, entonces, es aquí donde cabe preguntarse si no es corrupción que un Rector de universidad utilice su inmenso poder para tratar de influir en la designación de un togado de alta corte. No puede ser excusa sostener que como otros lo hacen, es lícito hacerlo, porque eso es clientelismo judicial, que no es otra cosa que corrupción, así sea de cuello blanco y aun cuando haya sido ignorada en los cuatro inútiles mamotretos sobre la CORRUPCIÓN, de los que tanto pecho sacan las directivas.
Un Rector de un centro académico debe poner su prestigio personal y el de la institución a salvo de esas triquiñuelas y avatares de la burocracia. Una universidad no puede ser una bolsa de empleos, menos para tratar de acceder a las altas esferas de la justicia, justamente cuando una de sus facultades supuestamente es su nervio vital.
Pero el asunto no acaba allí. En efecto, recién posesionado el doctor Carlos Bernal Pulido como magistrado de la Corte Constitucional, con su voto en algún asunto mostró su distancia ideológica del proceso de paz. Cuando eso ocurrió los medios llamaron al rector Henao a pedirle explicación de cómo era posible que su pupilo hubiese salido con las que salió. Para sorpresa de todos desde el paraninfo del Externado, su rector dejó en los medios la sensación de que llamaría al orden a su “pupilo”, una vez llegara a su despacho. Mejor dicho, si alguna duda quedaba de quien había intervenido en su designación, con estas declaraciones quedaron despejadas y confirmados lo que antes eran rumores. Luego el propio doctor Bernal dejó en claro que había llegado a tan alta dignidad ocultando su verdadera ideología y sus alianzas impublicables. Es lo que da la tierra.
Y después de toda esa cadena de malhadados sucesos, un buen día supimos que el doctor Carlos Bernal Pulido se fue dando un portazo a la Universidad, sin que nos hayamos enterado de las razones. O Bernal no estuvo dispuesto a aceptar que se le rebajara el sueldo que no podía seguir devengando dada su condición de servidor público o alguien muy encumbrado en el Externado incurrió en el abuso o el delito de tratar de influir en un asunto que debía fallar el vacilante magistrado, o ambas cosas.
Eso tampoco lo ha aclarado el Externado, no obstante que EL RADICAL lo indagó en la pasada emisión la sección sobre preguntas y respuestas no dadas. Era necesario y aun lo sigue siendo, que las directivas del Externado aclararan un tema que de confirmarse pondrá en entredicho los valores y destino de la Universidad. Por lo pronto solo hemos visto al doctor Bernal Pulido desde su alta investidura promocionar otro centro académico, sin inmutarse. También debería dar alguna explicación sobre todo con la universidad que le prodigó apoyo de todo orden durante los muchos años de estudio que el otrora estudiante Bernal Pulido tuvo que invertir en muchas universidades extranjeras.
Primero como estudiante, luego como graduado y hoy como profesor emérito exijo que la Universidad recuperé su institucionalidad y retome el rumbo del éxito que se ha perdido lamentablemente en los últimos años.
Primero como estudiante, luego como graduado y hoy como profesor emérito exijo que la Universidad recuperé su institucionalidad y retome el rumbo del éxito que se ha perdido lamentablemente en los últimos años.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Mi padre fue abogado externadista, también lo es mi hermana. Crecí en Buga alimentando la ilusión de que algún día estudiaría en la misma Universidad donde mis mayores se habían educado. Corrían los finales de 1969, acababa de graduarme como bachiller y llegué al Externado
Antes he de referir que en 1968 conocí en Buga al entonces Ministro de Justicia, Fernando Hinestrosa, quien llegó a inaugurar una cárcel. No me era extraño su nombre porque desde niño y a pesar de que mi padre había muerto cuando yo tenía cinco años, sabía que habían sido condiscípulos de la promoción de 1951, en cuyo mosaico paradójicamente aparecen sus fotos seguidas. Recibí el abrazo cálido del doctor Hinestrosa y su alegría cuando le expresamos con mi hermana que nos proponíamos estudiar en su Universidad.
El 2 de febrero de 1970 llegué a Bogotá e inicié mi carrera de abogado, la cual fue un recorrido apasionante, porque además de encontrar profesores titanes del verbo y de la dialéctica como Gregorio Becerra, Luis Fernando Gómez, Alfonso Reyes Echandia, Daniel Manrique, Enrique López de la Pava y Samuel Finkelstein, para mencionar los que se vienen desordenadamente a mi memoria, tuve la fortuna de conocer un ramillete de jóvenes juristas que ya empezaban a brillar como docentes y abogados, como Antonio Cancino, Manuel Gaona Cruz y tantos otros que luego se volvieron imprescindibles en la historia del foro y la jurisprudencia.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Me hice abogado en unos años tempestuosos durante los cuales la protesta estudiantil era diaria. No hubo suceso que no hubiésemos discutido los estudiantes de entonces, ni huelga en la que no hubiésemos participado. Era otro país y un Externado distinto al de hoy.
Egresé de la Universidad acariciando el sueño de hacerme docente y de viajar a Francia, ninguna de las dos cosas fue fácil, pero lo logré gracias a mi recorrido académico, aunque en mi estancia en el país europeo no hubo beca alguna del Externado sino del Gobierno galo por cuenta de un suceso fortuito en el que intervine profesionalmente que me hizo acreedor a esa distinción.
Regresé de Francia a mi incipiente labor de docente y no he parado en ella ni siquiera en los agitados años en los que dirigí el DAS, entre 1994 y 1996. Me hice profesor titular, más tarde ordinario y hoy pertenezco a la honrosa legión de profesores eméritos, distinción que en los tiempos de este milenio poco o nada cuentan.
Soy, pues, testigo de excepción y protagonista de 49 años de la vida de esta Universidad, cinco como estudiante y el resto como profesor. No fui de la guardia pretoriana del Doctor Fernando, porque no me gustan esas militancias ciegas e incondicionales. Eso lo sabía él y en ese escenario me trataba con cariño, respeto y cordialidad inolvidable.
Muerto el Doctor Hinestrosa el panorama del Externado empezó a transformarse no precisamente para bien. Apenas cerrada su tumba convoqué a un mítin en la Universidad cuando a mi juicio se hizo notorio que la elección del sucesor estaba siendo manipulada. Esa noche curiosamente luego de esa reunión intempestiva pero que hizo historia, por fin el Consejo Directivo terminó ungiendo a Juan Carlos Henao como Rector por un período de seis años, reelegible sólo por tres, con lo cual se buscaba acabar con la equivocada postura de nombrar rectores vitalicios. Igualmente, se dispuso que el nuevo Rector no podría ejercer su profesión de abogado, salvo que el Consejo Directivo le extendiera autorización en los excepcionales asuntos en que decidiese intervenir, en el entendido de que iba a ser ocasional y no habitual.
Los primeros días de Henao fueron de incertidumbre pero posteriormente su rectoría terminó enredada en camarillas, decisiones privilegiadas, la pérdida de liderazgo y sobre todo extraviando el rumbo de una Universidad que se había caracterizado por honrar sus raíces contestarias. Fruto de esa crisis ha sido este periódico virtual, El Radical, que ya llega a su novena emisión, haciendo también historia.
La crisis de hoy es de todos conocida. Hay quienes sostienen que esto jamás sucedió en vida del Doctor Fernando, y la comparación es necia. Que en épocas del Doctor Hinestrosa nadie hubiese reclamado como hoy, no significa que todo estuviera bien entonces, sino a dos razones: la primera, que si bien existían también situaciones semejantes a las de hoy, el anterior Rector supo controlar los brotes de inconformidad y estuvo atento a que no crecieran; la segunda, se deduce de la anterior, quien le sucedió no ha tenido tacto ni prudencia en el manejo de sus responsabilidades, porque ha obrado con el criterio de privilegiar a quienes considera de su entorno y ha dividido la Universidad a extremos irreconciliables.
Esta crisis no cesa, ni cesará mientras las directivas no enderezcan el rumbo. No será con amenazas ni con emboscadas rectorales en los pasillos o en los salones, como las aguas agitadas deben volver a su cauce. Los externadistas estamos hechos de una fe indestructible en los principios. A eso le seguiremos apostando. Habrá dificultades para rato.
La actitud de taparse los ojos y hacer borrón y cuenta nueva no es la solución para resolver las diferencias que hoy tienen sumergida en una crisis institucional al Externado.
La actitud de taparse los ojos y hacer borrón y cuenta nueva no es la solución para resolver las diferencias que hoy tienen sumergida en una crisis institucional al Externado.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Me aterra pensar que la bandera del entendimiento que algunos amigos del Rector Henao y defensores a ultranza del decadente Consejo Directivo se esté blandiendo a partir de una postulación inadmisible. Algunas de esas voces se aproximan con lo que tiene más sabor de amenaza que de reconciliación a proponer que nos olvidemos de los malos ratos del pasado y que discutamos todo hacia el futuro porque se está haciendo mucho daño a la Universidad. Mejor dicho borrón y cuenta nueva, o en términos políticos, una especie de ley de punto final.
No sólo es inútil sino sobre todo inmoral pretender solucionar la grave crisis que atraviesa el Externado, que las directivas reiteradamente desconocen con el argumento de que la oposición son solamente cuatro gatos, pretendiendo echarle polvo a las justas reclamaciones que se han hecho. Esas peticiones públicas todas tienen justificación y en especial sustento ético inquebrantable e irrenunciable.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
A nadie sensato y cumplidor del deber puede parecerle una aventura demandar a una administración que está perpetuada en el poder de la Universidad, el cual maneja a sus anchas y últimamente en tono creciente de arbitrariedad y persecución, que rinda cuentas de su gestión, que convoque a elecciones transparentes para que los representantes del profesorado en el Consejo Directivo puedan ser reemplazados, que abra espacios democráticos para que los puestos de comando en la Institución no sean distribuidos a dedo entre los consentidos del establecimiento rectoral, como ocurrió recientemente con la decanatura de Derecho, para solo mencionar unas pocas perlas de lo que es una crisis de proporciones preocupantes.
El discurso de quienes vienen implorando que guardemos silencio y que las aguas vuelvan al cauce de donde nunca debieron desbordarse, no es una salida perdurable ni segura para una Universidad que, como el Externado, además de estar urgida de pedir a sus dirigentes que no la administren como si se tratara de un jugoso bien relicto de una sucesión, requiere profundos cambios.
Está dicho que todos los externadistas queremos nuestra Universidad, pero hay diferentes maneras de quererla. A quienes prefieren apreciarla en silencio mientras son testigos mudos del derrumbe institucional, hay que respetarles esa actitud silente, porque en ocasiones ello hace parte del torrente sanguíneo de cada quien; empero, a quienes no podemos permanecer neutrales ante lo que sucede, porque eso es una forma peligrosa de tomar partido, invitamos la comunidad a perder el miedo, a despojarse de los mezquinos intereses económicos o salariales y reclamar el derecho a que el Externado de antaño resucite de entre las cenizas en que lo ha convertido el Rector Henao y su privilegiada casta de mandamases que como en las dictaduras se aferra ciega y obstinadamente al poder.
¿Ha sufrido deterioro la Universidad como consecuencia de esta crisis que manchó para siempre la actual rectoría? Sin duda, eso es imposible no verlo. Pero la solución no puede ser olvidémonos de todo, conversemos hacia el futuro y claudiquemos en las reclamaciones del pasado, y hagamos de cuenta que la administración sí rindió las cuentas que nunca ha rendido, que permitió la realización de una auditoria que tampoco dejó ejecutar, y que no se han repartido canonjías para mantener vigente un estado de cosas descompuesto que se hunde en el mar del descrédito.
Lo que ha pasado no es menos grave de lo que está por pasar si no se da un timonazo que sacuda las viejas estructuras personalistas de una Universidad que parece escudada en la estrategia de valerse de la honrosa memoria y nombre de un solo hombre, que en no extraviarse en la búsqueda del imperativo categórico de encontrar un destino próspero, pluralista, transparente, democrático, alejado de las castas familiares o los conciliábulos.
La administración del Externado de estos tiempos ahora invoca el artificio de la manipulación de encuestas, a pesar de que ninguna de ella da tranquilidad, pues, por ejemplo, las mediciones a varias de las facultades, no solo a la de Derecho, muestran que algo delicado está sucediendo. En efecto, mientras el Externado desfigura algunas estadísticas, la verdad en la realidad es otra. Y la forma de reconstruir el prestigio no es hablando de lo que fuimos, sino de lo que seamos capaces de hacer en los tempestuosos tiempos que nos tocará enfrentar.
Hay que cambiar el discurso. La solución no puede ser el “deje así” y sigamos para adelante. No nos lo perdonarían las futuras generaciones de los externadistas que aspiramos que vuelvan a tocar las puertas de la sagrada heredad. El futuro no se construye sino sobre la base de un pasado confiable y honorable.
El Rector del Externado se dedicó más a sus asuntos personales y profesionales que a gobernar una Universidad que pareciera estar en el limbo.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Hace siete años, apenas cerrada la tumba del doctor Fernando Hinestrosa, el Consejo Directivo que para entonces ya ajustaba quince años de haber sido nombrado, adoptó una reforma de los estatutos de la Universidad que ha cobrado trascendental importancia.
En efecto, además de limitar el período del Rector a seis años, reelegible por tres más –lo cual dicho sea de paso fue groseramente violado con la última reelección express y casi secreta– la reforma estatutaria previó que la máxima cabeza de la Universidad sea de dedicación exclusiva a sus tareas universitarias, aunque quedó abierta una rendija para permitirle excepcionalmente asumir asuntos profesionales siempre con el visto bueno y previo del Consejo Directivo.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Tan sana reforma estatutaria estuvo encaminada no solo a lograr la dedicación exclusiva del Rector, sino a poner a salvo a la misma institución de los avatares y controversias que suscitan la intervención en pleitos o controversias, tanto más cuando en ellas algunos o varios de sus protagonistas son entidades públicas. El Colegio Mayor del Rosario desde hace mucho tiempo adoptó la sana política de prohibir a su Rector desempeñarse en escenarios ajenos a los académicos.
La experiencia con el actual Rector muestra que esa sana prohibición en la práctica ha tenido tantas excepciones que hoy son la regla general. Henao alterna sus labores académicas con los afugias de los expedientes unas veces como árbitro, otras como asesor y en no pocas como abogado litigante.
No hago referencia, por supuesto, a su protagonismo en el proceso de paz, tanto que en la retina de los intérpretes no quedó claro si a ello se vinculó él personalmente o la Universidad. Por loable que fuese el propósito de sumarse al proceso de paz con las FARC, el cual además también he apoyado pública pero personalmente en todos los escenarios, no parece conveniente que quien tiene sobre sus hombros la responsabilidad de conducir un centro académico que alberga miles de profesores y otro tanto de estudiantes e idéntico número de opiniones y pareceres, se involucre en actividades donde no aparezca claramente delineada si es un empeño personal o una actuación en nombre de la Universidad que orienta.
Lo que está en juego es la necesidad de que la autonomía e independencia de la cima de una Universidad, donde además los espacios de discusión no existen, es la urgencia de que esos baluartes no se vean alterados por virtud de mezclar la dirección universitaria con responsabilidades profesionales relacionadas de una u otra manera con litigios.
En una reciente reunión de directores de departamentos de la Facultad de Derecho, el Rector mostró su resistencia cuando el suscrito hizo alusión a este asunto, y se esforzó en que quedara claro que cuando él se ocupa de menesteres profesionales lo hace con el visto bueno del Consejo Directivo, el mismo que ideó esta edificante reforma que sin embargo no se ha preocupado de hacerla respetable.
Las estadísticas no muestran que esos encargos abogadiles de distinto alcance en los que públicamente se ha visto la mano del Rector, hayan sido ocasionales y esporádicos, como era el propósito inicial, sino que ya tienen una frecuencia mayor.
Es evidente que los profesores también ejercen su profesión como abogados; empero, su situación no es la misma de quien funge como Rector, porque aquellos no comprometen el nombre de su universidad, que sí queda indisolublemente ligado a las acciones y omisiones de su máxima autoridad.
Es explicable que un Consejo Directivo sin aire, como el que hoy secunda a Henao en todo lo que se propone, haya perdido impulso en relación con esta sana restricción de exigir dedicación de tiempo completo a quien goza del inmenso honor de ser Rector de la Universidad, cargo que por lo demás está suficientemente remunerado, pero no por ello la idea debe ser proscrita. Por el contrario, es la hora de volver absoluta esa prohibición de manera que el Rector no se le vea en pleitos, tribunales arbitrales, enconadas disputas litigiosas, ni en nada que se le relacione, sino solamente en el imperturbable paraninfo pulcro y libre de la inteligencia.
Pese a que las comparaciones son odiosas, el Externado debería mirar, aunque sea de reojo, cómo se hacen las elecciones a Rector y Decanos en la Universidad de los Andes. Por hora, estamos lejos de alcanzar tal transparencia y pluralidad.
Pese a que las comparaciones son odiosas, el Externado debería mirar, aunque sea de reojo, cómo se hacen las elecciones a Rector y Decanos en la Universidad de los Andes. Por hora, estamos lejos de alcanzar tal transparencia y pluralidad.
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
La escogencia de un Rector de un centro académico o un Decano de una Facultad es un asunto de primordial importancia pues, dependiendo de su perfil y sus capacidades, dicha institución puede triunfar o naufragar en las competitivas y tempestuosas aguas de la escena académica.
En 2017, la Universidad de Harvard anunció que su Rectora, la prestigiosa académica Drew Faust terminaría su mandato al finalizar el año. Ante dicho anuncio la Universidad emprendió una amplia búsqueda para encontrar la persona idónea que pudiera dirigir al gigante académico. Para adelantar esa pesquisa se instituyó un comité, llamado el “Comité de Búsqueda” compuesto por los miembros de la junta directiva -excluyendo a la Rectora saliente- y miembros de la Junta de Supervisores. Este equipo se encargó de enviar comunicaciones a todos los miembros de la comunidad, profesores, estudiantes, egresados y personal administrativo para solicitar nominaciones. Además, cada estamento de la Universidad creó un comité encaminado a nominar potenciales candidatos y revisar a los que se propusieran, de acuerdo a sus áreas de interés. Ese comité de búsqueda además se reunió con entidades externas y diseñó criterios de selección que permitirán aterrizar en el mejor candidato. Finalmente, de cara a la comunidad, la institución nombró a su actual Rector, el académico Lawrence S. Bacow.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Para nombrar un ejemplo más cercano, en la Universidad de Los Andes, los candidatos a Rector son propuestos por un Comité Nominador, quien se encarga de realizar una búsqueda amplia e incluyente de quiénes pueden ocupar el cargo directivo del alma mater. Dicho Comité somete los nombres de los candidatos al Consejo Superior que no es vitalicio. En este, el candidato ganador debe obtener una mayoría absoluta para obtener el nombramiento[1]. Actualmente, esa Universidad se encuentra en proceso de seleccionar su rector, entre tres magníficos candidatos, los economistas Alejandro Gaviria, Mauricio Cárdenas y Ana María Ibáñez. Esta es información pública y el debate entre los tres perfiles se da de cara a la comunidad. Esa Universidad ha conseguido el milagro de migrar de un Rector a otro sin comprometer su futuro, estabilidad y su pluralismo.
Algo similar ocurre en esa misma institución con el nombramiento de Decano de alguna Facultad, que no es fruto de la omnímoda decisión del Rector, sino el resultado de un proceso de deliberación donde se estudian diferentes opciones. Adicionalmente, al menos en lo que tiene que ver con la Facultad de Derecho de los Andes, el Decano es designado por un período de dos años prorrogable por otros dos. Al término del período de cada Decano llega uno nuevo que retoma el rumbo de lo dejado por el antecesor y la Facultad sigue teniendo importante protagonismo en la vida nacional y en medio de la diversidad le sigue rindiendo culto al pluralismo.
¡Estamos lejos!
[1] Estatutos de la Universidad de Los Andes: Artículo 31. El Rector será nombrado por el Consejo Superior para un período inicial de cuatro años, de uno o más candidatos que someta a su consideración el Comité Nominador, que para el efecto designe el Comité Directivo. Su nombramiento podrá prorrogarse por períodos de dos años.
El Comité Nominador estará integrado por el Presidente del Consejo Superior, cinco Consejeros Numerarios, cinco Consejeros Permanentes y dos Consejeros Honorarios, y tendrá la responsabilidad de seleccionar los candidatos al cargo de Rector, previas las consultas necesarias, para recomendarlos al Consejo Superior.
El Comité Nominador se disolverá una vez efectuado el nombramiento de Rector.
Artículo 32. Para el nombramiento del Rector se requiere el voto favorable de la mayoría absoluta de los Miembros Ordinarios que componen el quórum del Consejo Superior. En caso de que ninguno de los nombres presentados por el Comité Nominador obtenga el número de votos necesarios, el Consejo Superior procederá a someter a votación los nombres que estime convenientes.
El Externado está en deuda con su Facultad más representativa. Aún no se diseña la semestralización de la carrera, ni tampoco permite hacer doble programa a sus estudiantes.
El Externado está en deuda con su Facultad más representativa. Aún no se diseña la semestralización de la carrera, ni tampoco permite hacer doble programa a sus estudiantes
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Mientras la Facultad de Derecho vive como la ciudad de Popayán de las viejas glorias, en otras universidad
des han emprendido reformas significativas que cautivan a los estudiantes, como la relacionada con la semestralización de la carrera y el ofrecimiento de doble programa.
El Externado está en mora de migrar a otros esquemas de enseñanza, que superen el inveterado modelo de la clase magistral, la evaluación esporádica y la necesidad de revocar como causal de revisión de un examen el que se hubiere preguntado sobre materia no vista en clase. Todos estos esfuerzos en su tiempo sirvieron para educar a los abogados que pisaron los otrora salones libertarios del Externado.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Hoy soplan vientos diferentes, propósitos más ambiciosos, y sobre todo hay unos estudiantes ingeniosos que saben que el mundo del saber no se agota en una clase.
El Externado se ufana de que sigue siendo alto el porcentaje de personas que tocan nuestras puertas buscando hacerse abogados, y comparan con otras universidades. Sin duda, hay allí alguna perspectiva de que se va por buen camino; empero, el planteamiento no puede reducirse a esa fría estadística, pues es necesario tener en cuenta que si bien el Externado sigue teniendo importantes solicitudes de admisión, ello hay que mirarlo a través de dos sucesos: el primero, el costo de las matrículas no se incrementa hace algunos años, salvo para actualizar los valores con el IPC; y el segundo, en el primer año, según dato informado por el ex Rector de la Universidad de los Andes, Carlos Angulo, la deserción estudiantil es del 70%.
He allí una ecuación bastante alarmante. De un lado muchos estudiantes llegan buscando hacerse abogados al Externado, un buen número de ellos atraídos por los costos de matrículas en comparación con otras universidades de idéntico prestigio, pero por el otro lado, es grande la deserción de quienes se inician. La Universidad es consciente de esa situación y por eso ha llegado la hora de pensar en soluciones que combatan la masiva deserción y que garanticen preparación óptima a quienes persistan.
En los tiempos de nuestro ingreso al Externado tenía papel preponderante la enseñanza de la metodología, instrumento poderoso con el que los externadistas de la época ganamos preponderancia en los círculos académicos. Ese ensayo se abandonó por cuenta de una crisis que ya muchos han olvidado, pero que dejó honda huella, pues la metodología dejó de ser preocupación en la formación de los alumnos.
El resultado de esto es el no muy grato de que nuestros estudiantes de Derecho no son adiestrados en el arte de elaborar trabajos escritos, ensayos o similares, no solo porque la metodología perdió su norte, sino porque el volumen estudiantil no ha encontrado un mecanismo que permita controlar y evaluar los trabajos de cientos de alumnos.
La verdad hoy difícilmente un externadista en el recorrido de su vida en la Facultad, ha tenido oportunidad o necesidad de preparar monografías o ensayos, y esa falta de experiencia en un tema cardinal en la formación de cualquier profesional suele advertirse tardíamente, cuando el egresado enfrenta el reto de preparar una monografía o tesis de grado, sin contar con los elementos científicos para ello.
En una reciente reunión del Rector Henao con su Decana de Derecho, Doctora Adriana Zapata, y los directores de departamento, se ventiló el propósito de revisar los programas que están siendo seguidos por nuestros estudiantes. Es probable que ello contribuya a que los alumnos puedan recibir una mejor información, pero de allí a que la Facultad alcance los niveles de modernización que el mundo actual requiere, estamos muy lejos.
Hay que agotar esfuerzos en diseñar la semestralización de la carrera de Derecho, como también permitir a los estudiantes que accedan a un doble programa, de manera que cuando salgan a ejercer se encuentren en condiciones de competir en un mercado cada vez más competido
Adriana Zapata irónicamente hizo público su nombramiento en los medios de comunicación, los mismos que hace unos meses censuró. ¿Memoria selectiva u oportunismo?
Adriana Zapata irónicamente hizo público su nombramiento en los medios de comunicación, los mismos que hace unos meses censuró. ¿Memoria selectiva u oportunismo?
Por: Ramiro Bejarano.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Bienvenida la Decana de la Facultad de Derecho, ahora que habiendo sido ungida por el dedo omnímodo del Rector, se acerca al poder con buen tono y, sobre todo, despojada de las prevenciones que acusó en la memorable asamblea profesoral del 1 de octubre de 2018. En esa reunión, la entonces directora de uno de los departamentos de la Facultad, impulsó y promovió una propuesta a la asamblea profesoral, la cual fue presentada al final de la misma cuando ya el agotamiento y el tiempo habían desmantelado el quorum y en el salón solo quedaban sus amigos y la excluyente moderadora de la jornada que concedía la palabra, según sus preferencias e intereses. Esta fue su propuesta:
“Conscientes de la importancia de los debates y consensos a los que hemos llegado, consideramos relevante insistir y resaltar lo acordado en el mes de abril de este año, en el sentido de mantener las discusiones alejadas de los medios de comunicación, con respeto por el nombre de la Universidad y de las formas, elementos que nos permitirán fluir (sic) en el disenso. También insistimos en no replicar mensajes o realizar afirmaciones en medios de comunicación o redes sociales con contenido que puede ser constitutivo de afirmaciones deshonrosas o falsas, que afecten el buen nombre de la Universidad o cualquiera de sus miembros”.La propuesta no fue aclamada, como seguramente lo esperaba su postulante, pues no faltó quien alertara sobre el peligro de que en el otrora centenario templo del radicalismo derrotado en la batalla de la Humareda se pudiera adoptar una medida de tinte censurador. Ante esa advertencia, se le introdujeron algunas variantes a la propuesta que sin ser del todo modificada quedó aprobada honrando el mismo propósito y finalidad de la inicial, así:
“Conscientes de la importancia de los debates y consensos a los que hemos llegado, consideramos relevante insistir y resaltar lo acordado en el mes de abril de este año, en el sentido de mantener las discusiones al interior de la Universidad y de las formas, elementos que nos permitirán fluir (sic) en el disenso. La Asamblea rechaza las afirmaciones falsas realizadas en medios de comunicación y redes sociales”.
Era evidente que para octubre de 2018 la hoy Decana miraba con distancia el papel de los medios en la inocultable crisis de la Universidad, que sigue vigente y creciendo, pero ahora elevada a tan importante posición, por fortuna, ha cambiado positivamente de criterio.
La comunidad de nuestra Universidad todavía no le ha oído un solo discurso, porque ni estudiantes ni profesores han sido convocados para oír sus directrices; empero ya ha dado las primeras señales de lo que podría ser su tarea, paradójicamente, a través de los medios de comunicación que hace unos meses le incomodaban tanto que proponía a los externadistas mantenerse “alejados” de ellos.
En efecto, una primera entrevista en Semana.com y un publirreportaje en la sección de Asuntos Legales en La República, anuncian la que sería la agenda de la histórica Facultad. A juzgar por tales revelaciones mediáticas tal parece que los tiempos del humanismo en la formación de un jurista libertario, su educación en los temas de la paz, el derecho agrario, los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, urgentes y necesarios en estas horas de reconciliación nacional, tendrán que esperar a concretar el empeño de educar abogados capaces de comprenderse con los ingenieros y de competir en el complejo universo de la infraestructura de las 4G.
En vida del Rector Fernando Hinestrosa, la hoy Decana propuso sin éxito una reforma similar del pensum pero para habilitar a los estudiantes en conocimientos contables o financieros. Los tiempos y las personas cambian, ya hoy lo primordial son las 4G y los medios no son inconvenientes.
Amanecerá y veremos.
Se enseñan las ventajas de incrementar el número de doctores en una universidad. Estos son expertos en temas específicos, pero no puede ser concluyente que un doctor es un buen docente.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Colciencias ha contribuido a mejorar algunos aspectos de la educación, principalmente la universitaria, pero también es fuente de decisiones bastante recias, que no siempre garantizan buenos resultados.
Por ejemplo, la elaboración de artículos de revistas especializadas son sometidos a unas ritualidades que no siempre se advierten sensatas y productivas. La exigencia del número de hojas o caracteres de cada artículo para poder clasificar en esa competencia que hoy trasnocha a muchos académicos urgidos de puntajes, como también la del número obligatorio de citas de pies de página, no son necesariamente satisfactorias.
¿Es mejor un artículo en función de su extensión y del número de libros consultados por el autor? Tengo probadas dudas de que eso sea así. Cada vez es más frecuente aproximarse a artículos cuidadosamente elaborados en los que no se aprecia en últimas qué quiso expresar el autor, porque su criterio o sus hallazgos quedan extraviados en la copiosa invocación de textos consultados, a la cual hay que rendirle odioso culto para merecer la acogida universitaria. Por ese camino, se le cumple más a las formas que al contenido.
Otro tanto ocurre con el papel de los Doctores en la docencia. Nadie discute la preparación de quien ha obtenido ese grado, en especial en los vericuetos temáticos de su tesis doctoral. No hay nadie que sepa más sobre un tema que el Doctor que ha escrito su tesis sobre el mismo. Pero una cosa es la investigación y otra la docencia, y ello parece no tenerlo claro Colciencias al diseñar una lánguida competencia que está deteriorando la educación que reciben los estudiantes.
La ecuación que dice “De que quien es Doctor es un magnífico docente”, ni es cierta, ni está bien diseñada. Abundan los reparos de alumnos inconformes con las clases regentadas por encumbrados Doctores que, sacados de sus temas doctorales, a la hora de transmitir sus conocimientos se ofrecen inseguros, confusos y caóticos. Eso no pone en duda su profesionalismo, sino su competencia como docente, en lo que no hay censura alguna, porque ser profesor demanda conocimiento, experiencia, capacidad de comunicar y saber moverse en los escenarios académicos. El maestro sabe que luego de cada clase el éxito consiste en que sus alumnos hayan aprendido algo de lo que se expuso o comentó.
Está bien que en una Universidad crezca el número de Doctores. Eso no está en duda, pero es necesario conciliar esa aspiración con tener presente las destrezas para ser docente. Lo ideal sería que todo investigador o Doctor fuese un excelente profesor, pero como ello no siempre es así, además por insalvables limitantes humanas, es necesario que la docencia no sea mirada con desdén, porque es allí donde se construyen los prestigios sólidos, esos que resultan indestructibles a los ojos de los estudiantes severos pero justos críticos.
De otro lado, es preciso advertir que la exigencia hoy es ser Doctor, no importa cuál Universidad haya dispensado tal distinción. Los españoles, para no ir muy lejos, ofrecen en todas sus universidades doctorados en lo divino y lo humano, inclusive hacen propaganda en América para que los “sudacas” vayan a doctorarse allá, pero las élites, por lo general, no se doctoran en sus propias universidades, porque prefieren principalmente las universidades norteamericanas, como así lo comentó César García, profesor de la Universidad del Estado de Washington, en un artículo intitulado La enfermedad del clientelismo, publicado en EL PAÍS de Madrid el 28 de marzo de 2013.
Ya veremos si Colciencias, un ente respetable ascendido a Ministerio, desciende a la tierra de los mortales y en su empeño de que nuestros centros universitarios sean competitivos no se olvide de que en el origen de todos esos esfuerzos, por encima de todo, está la docencia.
Debido a que estamos viviendo la revolución 4.0, la cual se refiere a la revolución digital para el desarrollo del entorno laboral, es allí donde las universidades deben guiar sus enseñanzas a los futuros profesionales que requiere el país.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Democratizar es fácil, siempre que quien esté interesado en hacerlo tenga claro que para ello basta solamente el propósito de crear canales seguros de expresión donde convivan todas las tendencias ideológicas.
Eso es lo que buena parte de la comunidad externadista espera del Externado, más ahora que ya la Universidad no se reduce solamente a la facultad de derecho, sino a otras disciplinas todas igualmente pujantes. El Rector, Juan Carlos Henao, califica su labor como “continuismo ascendente”, expresión sin duda sugestiva.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Nadie, por supuesto, está interesado en desconocer lo logrado no solo en la rectoría del doctor Fernando Hinestrosa con el apoyo de docentes y estudiantes, sino también en la de su padre, el maestro Ricardo Hinestrosa Daza, y las de los inolvidables Diego Mendoza Pérez y Nicolás Pinzón Warlosten, pero los tiempos que corren no aconsejan manejar ninguna administración universitaria como un albaceazgo.
Cabe preguntarse si dentro del propósito de democratizar, el mejor camino es el cuestionario enviado a los docentes para que lo respondan dentro del trámite de satisfacer las exigencias para la acreditación de la facultad de derecho, y si además garantiza a los profesores e investigadores que absuelvan el interrogatorio que su permanencia o estabilidad laboral no correrá riesgos de pronunciarse sobre aspectos que no coincidan con los planes de las directivas de la Universidad.
En el aludido cuestionario se preguntan, por ejemplo, entre otras cosas si el encuestado conoce “el Régimen Profesoral de la Universidad” o el “Reglamento Interno de Trabajo de la Universidad”, que en honor a la verdad hoy nadie conoce. Igualmente se indaga si en opinión de quien responde, la Universidad cumple con “los siguientes principios y valores expresados en su Misión” de “El espíritu liberal y el ideal de libertad”, “La concepción humanística”, “La filosofía pluralista”, “La tolerancia dentro de la heterogeneidad”, “El respeto por la diversidad”, “El respeto por los Derechos Fundamentales”, puntos neurálgicos que deberían haber sido planteados en otro escenario, en el que quien responda tenga la seguridad que lo puede hacer sin que se conozca su identidad, cosa que en el caso de la acreditación no se garantiza. Si un docente o investigador responde que no hay tolerancia dentro de la heterogeneidad, ni respeto por la diversidad, nada asegura que tales posturas quedarán en el anonimato, ni que se generen represalias. Lo mismo puede ocurrir con las preguntas encaminadas a establecer si “Los criterios y mecanismos para la selección, vinculación y permanencia delos profesores son transparentes”, o si “La elección de representantes de los profesores a los órganos directivos es imparcial” o si “La ubicación, permanencia y promoción en la carrera profesoral son coherentes con el Estatuto Profesoral”, o si “La evaluación del desempeño profesoral se aplica con transparencia y rigurosidad” o si “ El régimen disciplinario se aplica con rigurosidad” o si “Los méritos académicos y profesionales inciden en la remuneración”. No se necesitan grandes esfuerzos para averiguar que quien quisiera responder francamente estos interrogantes sin ahorrase problemas, no lo hará si teme que sus posturas pueden trascender y ser conocidas por sus superiores. Mediante este procedimiento de indagación, es probable que la Universidad obtenga unas magníficas encuestas que la dejen tranquila sobre su democratización, pero que no convenza al resto de la comunidad.
Tampoco se democratiza una Universidad reviviendo calculadamente una Asociación de sus exalumnos que irrumpe calculadamente en el panorama no propiamente para pedir democratización, sino como bastión de aplauso y como mecanismo para silenciar a todo aquel que no piense igual.
Por primera vez en la historia de la institución, sus maestros decidieron darle vida al cuerpo profesoral que, a pesar de estar consagrado en el artículo 14 de los estatutos de la Universidad, nunca se había integrado. Eso significa que las próximas elecciones de profesores al Consejo Directivo de la Universidad van a tener que advertir la reglamentación adoptada por los mismos docentes.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Después de extenuantes asambleas, los profesores de las distintas facultades del Externado aprobaron el Reglamento de ese organismo. No se trató de una decisión menor, sino de muy alto contenido para la vigencia de la Universidad.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
El cuerpo de docentes, más que instancia burocrática, es punto de encuentro de discusiones y decisiones profesorales, que tiene por encargo, entre otros aspectos, elegir a sus voceros en el Consejo Directivo de la Universidad, el cual debe renovarse cuanto antes, para restaurar el actual donde están sentados los mismos miembros hace 23 años. Si bien son respetables las voces de quienes todavía ponderan al Consejo Directivo de hoy, éste ya no representa la población profesoral del Externado, y, en cambio, es indiscutible protagonista de las dificultades que se han suscitado en el presente año lectivo.
Que después de tantos años los docentes del Externado hayan decidido voluntariamente realizar estas reuniones para adoptar su propio Reglamento, confirma que la llama de la democratización se prendió para no apagarse. Por primera vez en la historia de la institución, sus maestros decidieron darle vida al cuerpo profesoral que, a pesar de estar consagrado en el artículo 14 de los estatutos de la Universidad, nunca antes se había integrado.
Las asambleas profesorales no siempre fueron tranquilas, porque los docentes parecieron ubicarse en dos bandos. Uno, amigo de impulsar el reglamento profesoral de manera libre y autónoma; y el otro, notoriamente reacio a que este cuerpo se constituyera. No en vano las primeras deliberaciones estuvieron acosadas por la insistente propuesta de algunos docentes de verificar el quórum, consabida estrategia parlamentaria a la que sin embargo no sucumbieron estas asambleas, que finalmente pudieron decidir.
Aunque en los varios encuentros de los profesores no hubo espacio ni oportunidad para debatir aspectos tan neurálgicos como la necesidad de democratizar la Universidad y de exigir cuentas a la actual administración -no obstante que uno que otro docente sí lo intentara-, este primer esfuerzo ha mostrado que el rumbo del Externado del futuro no se detendrá. Aunque las directivas no han expresado su frontal oposición a la tarea profesoral de reglamentar este organismo, tampoco la han apoyado categóricamente.
Las señales recibidas durante todo el proceso que significó la convocatoria y realización de las asambleas de profesores, dejaron en evidencia que existe cierta resistencia de algunos docentes a la adopción de un reglamento. Era natural que algunos consideraran legítimo dejar las cosas como están o no meter a la Universidad en ese “embeleco de la democratización”, como lo pretenden algunos docentes, definitivamente contrarios a los vientos pluralistas y renovadores que, por fortuna, empezaron a soplar en el campus del Externado.
Hoy ya el Cuerpo de Profesores es un organismo vigente que cuenta con un Reglamento que fue aprobado en esas deliberaciones. Eso significa que las próximas elecciones de profesores al Consejo Directivo de la Universidad, van a tener que advertir la reglamentación adoptada por los mismos docentes, por primera vez en la historia de la Casa de Estudios.
Por esa razón, desde estas páginas abogamos porque el Consejo Directivo termine con urgencia de diligenciar el reglamento que le fuera remitido para que “sea dictado”, que no para su aprobación, pues lo único que no puede sucederle al Externado es que su proceso de democratización iniciado con paso firme con la conformación del cuerpo profesoral se trunque por cuenta de un rigorismo burocrático.
Nace cuando se movieron los cimientos de la centenaria casa universitaria con ocasión de unos derechos de petición a la Rectoría y la reelección de Juan Carlos Henao, logrando así una convocatoria de profesores en la que se buscaba censurar sus opines de los medios de comunicación.
Profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
Este será un año inolvidable en el Externado por todo lo sucedido a partir de marzo, cuando se movieron los cimientos de la centenaria casa universitaria con ocasión de unos derechos de petición a la Rectoría, presentados por el ex profesor Eduardo Montealegre y por el docente Néstor Osuna. A partir de ese “florero de Llorente”, empezó un período de crisis ante la necesidad de democratizar la Universidad y pedir cuentas a la administración, entre otros aspectos cardinales.
El Consejo Directivo, movido por la necesidad de enfrentar una tutela, intempestivamente decidió reelegir al Rector Juan Carlos Henao, sin que esa decisión haya permitido que las aguas regresen a su cauce natural.
Ramiro Bejarano, profesor emérito de la Universidad Externado de Colombia.
En el afán de honrar un proceso de democratización, se convocó el estamento profesoral para expedir el Estatuto de los Profesores, por primera vez en 135 años de existencia de esta alma mater, antaño considerada el templo del liberalismo radical.
Convocar los profesores ha traído desde cosas buenas hasta nerviosismo, y por cuenta de esos extremos, en una primera asamblea de abril se formularon confusas propuestas para mantener esta crisis a salvo de los medios de comunicación, intento fallido porque las propias directivas patrocinaron los publirreportajes transmitidos en una emisora en la que entrevistaron a quienes supuestamente pretendían defender al rector Henao de la conspiración montada por Montealegre – la cual solo tuvo lugar en la obsecuente imaginación de algunos interesados en confundir para descalificar –. El resultado está por verse, pero ya quedó memoria de esta propuesta inesperada e impensable lanzada el pasado 1 de octubre que con matices nada democráticos se aprobó:
“Conscientes de la importancia de los debates y consensos a los que hemos llegado, consideramos relevante insistir y resaltar lo acordado en el mes de abril de este año, en el sentido de mantener las discusiones alejadas de los medios de comunicación, con respeto por el nombre de la Universidad y de las formas, elementos que nos permitirán fluir (sic) en el disenso. También insistimos en no replicar mensajes o realizar afirmaciones en medios de comunicación o redes sociales con contenido que puede ser constitutivo de afirmaciones deshonrosas o falsas, que afecten el buen nombre de la Universidad o cualquiera de sus miembros”.
Escasas voces de algunos profesores rechazaron esa propuesta, por su talante censurador a los medios y a todo aquel que se considere asistido de razones para expresar sus opiniones sobre esta crisis en las redes sociales.
Era evidente que en los salones libertarios del Externado, surgidos de las cenizas de “La Humareda” en respuesta al Estado confesional y represor, el mismo que mantuvo una actitud enhiesta en la hegemonía conservadora y en la dictadura de Rojas Pinilla, por primera vez, en vez del diálogo y la tolerancia, se abrían camino las imposturas intolerantes y represivas. ¿A quiénes pretendían callar y a qué le temen que se comente públicamente? La propuesta maquillada quedó así:
“Conscientes de la importancia de los debates y consensos a los que hemos llegado, consideramos relevante insistir y resaltar lo acordado en el mes de abril de este año, en el sentido de mantener las discusiones al interior de la Universidad y de las formas, elementos que nos permitirán fluir (sic) en el disenso. La Asamblea rechaza las afirmaciones falsas realizadas en medios de comunicación y redes sociales”.
Democratizar cuesta y mucho, pero nunca puede significar el sacrificio y el olvido de los principios fundantes de una institución libre y pluralista.